20.TALLER DE GUION «La escalera de papel». Décimo peldaño: LA VENTA DEL GUION (y 2)

El package.

El package o dossier debe incluir los siguientes dos documentos: memoria (sumario con toda la documentación) y guion completo o tratamiento.

La memoria o sumario tendrá una portada, cubierta o carátula que debe incluir:

-Una imagen que ocupe toda la portada y exprese visualmente el contenido, estilo, atmósfera y ambiente del proyecto. Será lo primero en que se fije nuestro interlocutor de un golpe de vista y le proporcionará la primera impresión de nuestro proyecto. Debería ser como un póster-teaser de la película, o sea, el cartel provisional de la misma.

-El título del proyecto, que debe resaltar entre el resto del texto de la carátula. Es lo primero que deberá leerse sin dificultad.

Tagline o frase de una o dos líneas que subtitule, enganche y añada información sobre vuestro proyecto. Aunque no tan grande como el título, debemos resaltarla lo suficiente para que sea lo segundo que consiga leer nuestro interlocutor.

-Ya en caracteres más pequeños, género y tipo de proyecto (guion para largometraje de ficción, animación, documental, etc).

-Nombre del autor.

-Si ya las hubiera o hubiese, principales estrellas (si tenéis alguna carta de algún actor consintiendo en que aparezca su nombre) o valores de producción.

Datos de contacto. No os olvidéis de ponerlos aquí, en la portada. Que no tengan que buscarlos en las páginas interiores o en la contraportada. En caso de que más adelante deseen ponerse en contacto con vosotros, les estaréis facilitando el trabajo.

Eso con respecto a la carátula. ¿Y dentro? ¿Qué documentación debemos incluir? Pues normalmente la siguiente:

-Una página con la ficha técnica del tipo de proyecto (título, autor, género, tono, público, formato, etc).

-Una página con el story-line o sinopsis breve de la historia.

-Una página con la sinopsis larga.

-Una o dos páginas explicando el estilo visual y tratamiento narrativo de la película que estáis escribiendo.

-Una página en la que hagáis una descripción de las fortalezas y valores de producción que consideráis que tiene vuestra historia.

-Una última página de resumen, exponiendo con brevedad qué solicitamos o qué estamos buscando y por qué deberían enamorarse de nuestro proyecto.

Por último, la esencia de un buen package es el equilibrio entre lo que yo denomino las tres CCC,

CONTINENTE-CONTENIDO-COSTE

¿En qué consiste este equilibrio? Pues muy sencillo: en que el continente (el dossier o paquete físico en sí mismo, es decir, la presentación) vaya en consonancia con el contenido (tema, argumento, estilo, etc.), pero también con el coste que estimáis que va a tener el proyecto. Es cierto que no sois productores y por lo tanto no sabréis exactamente cuánto va a costar producir vuestro proyecto. Pero seguro que sabéis en qué horquilla os estáis moviendo, es decir, si es un proyecto low-cost o de bajo presupuesto o más bien una superproducción. Si tratáis de vender una epopeya histórica de romanos, por poner un ejemplo, no acudáis con unas cuantas hojas arrancadas de una libreta y unidas con una grapa en la esquina. Y si, por el contrario, estáis presentando una pequeña película independiente y de autor, no llevéis un dossier de imprenta, encuadernado en tapa dura de tela y empaquetado en una urna de madera noble con goznes de metal, serigrafiada con un vinilo diseñado por un artista conocido. Si lo hacéis, seguramente pensarán que os estáis gastando dinero donde no debéis y ello suscitará desconfianza y recelo sobre vuestra persona (que, al final, es lo que veladamente estamos vendiendo) y sobre la idoneidad de producir vuestro proyecto.

EPÍLOGO

Hoy termina esta taller virtual de guion que durante 20 semanas he ido dando entrada en mi blog para quien pudiera interesar. Al llegar aquí tengo la sensación de haber hecho un streptease intelectual, de haberme desnudado completamente ante vuestros ojos. Lo cual, si soy absolutamente sincero, me produce cierto morbo.

Todas las historias están ya contadas, lo he afirmado varias veces a lo largo del taller. Pero, si lo están, ¿por qué algunos deseamos seguir contando historias? Creo que la respuesta, al menos la mía, es: para poder aportar nuestro punto de vista. Como ya he repetido también en diversas ocasiones, para escribir un guion original es imprescindible aportar siempre nuestra particular mirada, una perspectiva insólita, nuestra marca de fábrica, un nuevo aire, fresco y genuino, a cada una de ellas. El sello de la originalidad no está en la historia en sí, sino en cómo la contamos.

En una entrevista realizada a Steven Spielberg con motivo del estreno de la película de su factoría “Cowboys & Aliens” (Jon Favreau, 2011), refería el día que conoció al maestro John Ford siendo aún un mozalbete aprendiz de cineasta. Nervioso, le confesó que quería ser director y le pidió un consejo. Ford se lo quedó mirando en silencio y, al cabo de unos segundos, le mostró las fotos enmarcadas de algunos de sus westerns rodados en el Monument Valley de Utah y le preguntó qué veía en ellas. El joven Spielberg respondió que veía indios y caballos. El viejo director americano-irlandés le cortó en seco y, acto seguido, le dijo: «¿Ves la línea del horizonte? Pues cuando entiendas por qué el horizonte está arriba o abajo de la imagen, y no en el centro, puede que te conviertas en cineasta. Y ahora vete al carajo».

Es obvio que la línea del horizonte está siempre a la altura de nuestros ojos. Esto lo sabe todo el mundo. Tanto da que subamos a un globo aerostático y la miremos con los ojos de un halcón peregrino, o que nos arrastremos a ras del suelo como si fuésemos vulgares gusanos. Siempre estará ahí, delante de nuestros ojos. Es lo normal y todo el mundo lo ve así. El que sabe situarla en otro lugar y sabe por qué lo hace, habrá descubierto otra mirada y tendrá algo nuevo que contar o, al menos, lo narrará de otra forma.

Siempre quise hacer cine. Pero en aquella época y viviendo en un rincón del planeta en el que hasta los romanos pensaron que se acababa el mundo, querer hacer cine era como desear ser astronauta, no imposible pero muy complicado para la inmensa mayoría de los ordinarios mortales. Pensando que mis sueños eran una simple quimera y aprovechando que tenía buena mano para el dibujo, inicié estudios de Arquitectura y, durante siete años, trabajé en una ingeniería.

Pero a finales del año 1989, recorrido ya el primer cuarto de siglo de mi vida, como si de un punto de giro se tratase, ocurrieron cuatro acontecimientos que me cambiaron para siempre y me impulsaron a dejarlo todo e intentarlo. Digo bien, intentarlo. Me daba igual si lo conseguía o no, eso era lo de menos. Solo tenía la certeza de que debía intentarlo porque, de lo contrario, me lo reprocharía el resto de mi existencia.

Todo sucedió en 40 días, como si de una profecía bíblica se tratase. Comenzó la noche del 9 de noviembre con la caída del muro de Berlín. Además del entusiasmo que aquel acontecimiento histórico provocó en mí, me hizo reflexionar acerca de que no había muros infranqueables ni eternos, ni barreras tan sólidas que no se pudiesen derribar.

Un par de semanas más tarde, el 25 de noviembre, se estrenó la primera película gallega de largometraje, “Sempre Xonxa” (Chano Piñeiro, 1989). El ejemplo y voluntad del añorado Chano me demostró que, aun en el finis mundi, hacer cine en Galicia también era posible.

Unos días después, fui a ver una película que se había estrenado en las salas españolas el 22 de noviembre: “El club de los poetas muertos” (Dead Poets Society, Peter Weir, 1989), en donde el profesor John Keating, magistralmente interpretado por el malogrado Robin Williams —tanto que casi lo recuerdo como si de verdad hubiese sido profesor mío—, pedía a sus alumnos que no desaprovecharan su vida, carpe diem, y les invitaba a subirse a sus pupitres para que viesen el mundo que les rodeaba desde otra perspectiva, desde un punto de vista diferente, para descubrir su particular horizonte. O sea, les estimulaba para que cada uno buscase su propia mirada, al tiempo que les recitaba unos versos de la oda de Walt Witman a la muerte de Lincoln:

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;

levántate, izan la bandera por ti, por ti suenan las cornetas;

por ti ramos y cintas de coronas, se amontonan por ti en las riberas.

Si estáis terminando de leer esta entrada en vuestro ordenador, tablet o móvil, cómodamente sentados en una silla, sillón o sofá, o incluso en la cama, os animo a levantaros y subiros a esta o a la mesa que tengáis delante. Vamos, ¡hacedlo! No sintáis vergüenza. Cuando lo hayáis hecho descubriréis otra mirada, otra perspectiva distinta de lo que os rodea y habréis empezado a encontrar vuestro propio horizonte.

Finalmente, el 18 de diciembre de 1989 se estrenó por fin en España Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, Guiseppe Tornatore, 1988) y, al verla, recordé con una nostálgica sonrisa en los labios aquel niño de ocho años que un día fui, ilusionado con poder dedicarse a hacer cine, que un día leyó una revista con un artículo titulado “Los primeros pasos hacia el Óscar” y que, en realidad, tan solo quería ser como John Wayne, feo, fuerte y formal. Con el paso del tiempo creo que al menos he conseguido ser dos de esas tres cosas 😉


Como, casualmente, hoy es 2 de febrero, Día de la Marmota —”Groundhog Day” (Atrapado en el tiempo, Harold Ramis, 1993)—, si queréis u os habéis perdido algo, podéis volver a empezar yendo de nuevo a la primera entrada. Eso sí, no dejéis de escribir.

Y recordad siempre: todas las historias están ya escritas. Todas… ¡excepto la vuestra!  ¡Sed felices siempre!

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